Agenda Escuela de Gobierno

12.10.2017
Expositores afirmaron que fenómenos como el populismo fueron previstos por el intelectual francés.

La Cátedra Alexis de Tocqueville dirigida por el profesor Óscar Godoy organizó el seminario “Democracia y Populismo: la mirada de Tocqueville” que contó con la presencia de expositores que han dedicado parte de su vida académica al estudio del autor galo.

 

Al iniciar el seminario, el decano de la Escuela de Gobierno, Ignacio Briones, remarcó que “estas cátedras y el pensamiento de los autores que las inspiran son consustanciales a las ideas y valores contenidos en la misión de nuestra universidad y convergen con el sello académico de Artes Liberales, que es el eje medular de la formación de todos nuestros egresados”.

 

La primera en tomar la palabra fue Brigitte Krulic, profesora de historia de las ideas políticas en la Universidad Paris-Nanterre y autora del libro Tocqueville, quien se refirió a la actualidad democrática, especialmente de Europa y América, analizándola desde la teoría del pensador francés. Para Krulic, el principal mensaje de Tocqueville  “más válido que nunca en estos días”  es que hay que desconfiar de la simplificación en todos los ámbitos y, por otra parte, tener en cuenta los límites de la democracia y no pretender exigir de ella una perfección que es imposible de alcanzar. “La lección de Tocqueville no ha perdido su actualidad, él permite entender la crisis contemporánea entre gobiernos y sociedades, la crisis de la democracia representativa”.

 

Luego, Óscar Godoy explicó que, en un gobierno republicano democrático, el pueblo tiene la capacidad de discernir el mérito y elegir a sus representantes y aseguró que el despotismo surge a partir de la misma democracia: “el debilitamiento o destrucción del Estado representativo derivan en un despotismo democrático. En un gobierno despótico se desarrolla en el marco de un Estado benefactor, pero a costa de la pérdida de la libertad”. Por último resaltó que Tocqueville entregó un mensaje profético al señalar que, más allá del despotismo, está la creación de un gran poder absoluto y tutelar, que pese a no recibir un nombre de parte de Tocqueville, dice Godoy, es lo que en el siglo XX se denominó como totalitarismo.

 

A continuación, José Antonio Aguilar, doctor en ciencia política de la Universidad de Chicago y Profesor e investigador de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas en México, reveló que Alexis de Tocqueville, durante su permanencia en Estados Unidos, admiró y descubrió lo que a su juicio era el pilar fundamental de aquel gobierno representativo norteamericano: las costumbres de individuos que se asemejaban mucho entre sí, es decir, la igualdad.  A raíz de esto, escribiría su más reconocida obra, “La Democracia en América”.

 

Posteriormente, Tomás Chuaqui, doctor en ciencia política de la Universidad de Princeton y profesor del Instituto de Ciencia Política de la Universidad Católica, se refirió a las condiciones que se deben cumplir para asegurar la libertad democrática que propone Tocqueville. Según Chuaqui, éste creía que el individualismo, que surge a partir de esta condición de igualdad, es lo que puede llevar a un “despotismo cómodo que le asegure la satisfacción de estas necesidades”. No obstante, afirmó que Tocqueville consideraba que hay ciertas instituciones en un régimen democrático que pueden impedir esta degradación de la igualdad hacia el despotismo: un sistema federal descentralizado, la separación de los poderes estatales, la libertad de prensa y la propia constitución moral de los individuos miembros de una comunidad política democrática.

 

Finalmente, Ángel Flisfisch, máster en ciencia política de la universidad de Michigan y director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), manifestó que “Tocqueville no privilegiaba un régimen republicano, lo importante para él eran las garantías de la libertad, lo que también se podía obtener en una monarquía constitucional”. Por ejemplo, defendía al gobierno autocrático de la Rusia zarista y apoyó a Napoleón III en su condición de emperador de Francia. Por ello, Flisfisch cree que el pensador francés presentaba posturas contradictorias.

 

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